Dis[frut]ando


Ubicación: El Puertillo, Arucas

Contexto: Académico - Expuesto en las III Jornadas del Paisaje de Gran Canaria

Fecha: Abril 2018

Autor: Jin Cheng Chen / Acaymo Sánchez Wehmeier


El Puertillo se sitúa en la banda litoral del norte de Gran Canaria, en una sucesión desordenada de micro-paisajes que se sitúan junto al mar de forma pintoresca e inconexa desde el frente marítimo, en parte debido a la orografía abrupta y a la forma de ocupación del territorio, pues las edificaciones se sitúan en el límite e incluso más allá del DPMT. Se genera así un sistema de conexiones basado en la “carretera del norte” – la GC-2 – que parte en dos las poblaciones diferenciando claramente las de mar y las de tierra a dentro. Entre estos fragmentos de costa encontramos lugares de interés etnográfico, cultural y de ocio, que con una intervención adecuada se convierten en una red patrimonial y cultural de interés.

En el ámbito de El Puertillo sucede algo similar a lo que ocurre a escala territorial, pues la carretera que conecta el núcleo urbano con la Desaladora de Arucas supone una barrera entre el mar y el interior, desnaturalizando el lugar y no permite que se genere una transición entre el ecotono y el área de cultivo de forma más gradual. La antropización excesiva de este paisaje hace que nos planteemos:

“¿Es necesario borrar esta huella que interrumpe el desarrollo natural de las cosas?”

Existen en el lugar elementos patrimoniales y etnográficos que encontramos en un estado lamentable, como el almacén de plátanos, una pequeña edificación agrícola junto al cauce de la escorrentía y la red de riegos de las parcelas de intervención, que son el recuerdo de la intensa actividad agrícola de la zona en tiempos pasados. Estos restos de la historia serán parte fundamental del planteamiento de proyecto.

Llegados a este punto tenemos como premisas unir los distintos fragmentos del norte de Gran Canaria y crear una red extensible de interés cultural y patrimonial, romper la barrera entre el ecotono y el área rural, y finalmente, integrar los elementos patrimoniales y culturales de El Puertillo en la “Red” que sea paseable de extremo a extremo.

Le estrategia que planteamos para la infraestructura se basa en un camino en forma de pasarela que se adapta a la orografía y que conecta con un solo trazo los fragmentos de la costa norte y además “abraza” los elementos patrimoniales y etnográficos.

“La preocupación del hombre por cuidar sus intervenciones en el medio natural, desde un punto de vista visual, paisajístico, es relativamente reciente y proviene de esa relación esencial del hombre con la naturaleza que supone el hecho de construir, y de su directa consecuencia: la generación del lugar.”

Las intervenciones en los espacios naturales deben realizarse con una “sensibilidad propia de un cirujano” y con la previsión de poder retirar la misma en cualquier momento. Por ello, el empleo de los sistemas constructivos y la elección de materiales juega un papel decisivo para una buena intervención paisajística. Algunas recomendaciones para la intervención en espacios naturales según lo planteado en “Construir en espacios naturales protegidos “son la adecuación al entorno, la utilización selectiva de las panorámicas, la recuperación de infraestructuras agrarias, la utilización de flora autóctona, la plantación selectiva secuenciada, y el diseño de señalización y mobiliario integrado.

“Una intervención adecuada, controlada, acertada, en un entorno natural, no tiene porqué desnaturalizar un paisaje ni degradarlo, sino que puede contribuir a su estabilización, a una humanización que, en términos generales, se puede considerar beneficiosa.”

La materialización de la infraestructura se realiza en madera y con un contacto bien estudiado sobre el terreno, para limitar su impacto y poder revertirse de forma sencilla si fuese necesario. Una vez avanzados en la estrategia nos planteamos:

¿Qué es lo que hace que un sitio sea un parque?

La importancia y significado de los parques ha cambiado a lo largo de la historia. No son solo espacios de contemplación, recreo o descanso, se trata de espacios polivalentes que generan actividades muy diversas como huertos urbanos, zonas deportivas y de ocio, etc. Pero principalmente nos proporciona oportunidades para mejorar nuestro entorno medioambiental de tal forma que podamos regenerar terrenos contaminados por antiguos usos o recuperar terrenos de cultivos obsoletos, modificando el paisaje generado por la expansión de la ciudad y la antropización del medio.

“Las ciudades tienen la capacidad de proveer algo a todo el mundo, solo porque, y solo cuando, están creadas por todo el mundo”.

La participación de la ciudadanía en las decisiones públicas y el entendimiento de sus necesidades es fundamental en el urbanismo del siglo XXI ya que cuando el territorio es un espacio de interés comunitario, se obtienen beneficios que repercuten en la misma población. Existen muchos urbanistas y paisajistas que se suman a este planteamiento como es el caso de Jane Butzner Jacobs con su publicación más influyente The Death and Life of Great American Cities en la que revindica la importancia de la vida del barrio y la colaboración y toma de decisiones de los ciudadanos. Es también un ejemplo de ello el urbanista Jan Gehl que analiza la vida de las personas y su uso del espacio público, ya que la ciudad es sana cuando los espacios públicos –y no los centros comerciales– se convierten en lugar de encuentro.

Desde una dimensión integral, el espacio es el resultado de acciones y compromisos del hombre donde el paisaje tiene su centro de interés y valoración en el espacio natural (como pueden ser la textura, el cromatismo o las propias composiciones que quedan al margen del hombre). Todo paisaje se fundamenta en los sentidos y en especial a la agudeza visual ya que nos pueden determinar diferencias significantes; la imagen del paisaje es dinámica, pues está en constante cambio. Adquiere un valor para el hombre que el lugar resulte ser único e irrepetible. Por otra parte, surge el concepto de Placemaking o Creación de lugares que trata de convertir a los habitantes de un lugar en los verdaderos protagonistas de la regeneración urbana ya que los que mejor conocen un espacio son los vecinos. No se trata de crear obras acabadas y estáticas sino lugares vivos, y sobre todo dinámicos.

El concepto del parque marítimo-rural se basa en una mixtificación de usos y en un elemento que los cose. En el ámbito marítimo la intervención de mayor calibre es la creación de una piscina natural mediante la propia infraestructura y el resto de esta se reduce a la colocación de pequeñas plataformas de madera a modo de solárium sobre las rocas para hacer más confortable la estancia. En la parte más rural se plantea una explotación agrícola como elemento principal y concretamente una plantación variada de frutales, en especial frutas tropicales, pues es un mercado que se encuentra al alza y exclusivo dado que “en el Archipiélago no está permitida la importación de frutas tropicales. Se trata de una barrera que en sí misma constituye una oportunidad para estos cultivos si se atiende al potencial de crecimiento de la demanda.”

Finalmente la creación de distintas actividades en el parque marítimo-rural permite que esté en constante cambio y se convierta en un foco de interés para la población, la dinámica que se sigue es crear puntos de ocio activos repartidos por todo el proyecto, desde centros de interpretación, industrias de transformación, actividades deportivas relacionadas con lo rural y con lo marítimo, y zonas de ocio pasivas, como miradores y merenderos colocados de manera que se aprovechen las vistas existentes desde la infraestructura hacia el paisaje exterior como hacia el interior.